|
|||
|
|||
|
ENFERMERAS PERU CUENTA CON PERSONAL PROFESIONAL Y TÉCNICO, PARA EL CUIDADO DEL PACIENTE, ADULTO O ADULTO MAYOR, DE UNA FORMA INTEGRAL

El tremendo desarrollo de la medicina en las últimas décadas ha llevado consigo un considerable aumento de las expectativas de vida del hombre, que ha pasado de 34 años, a principios del siglo XIX, a más de 80 en la actualidad.
Aunque cada vez es mayor el número de personas que llegan a la ancianidad en un óptimo estado de salud y con una mejor calidad de vida, también son muchas las que, por su patología crónica, requieren una serie de cuidados continuados, cuidados que en muchas ocasiones reciben en su hogar o el de su familia, pues la familia sigue siendo el principal soporte social del anciano.
Éstos serían los pacientes candidatos a la Hospitalización a Domicilio, ya que podrían recibir los cuidados necesarios en su casa, sin necesidad de separarlos de su entorno familiar. La posibilidad de ser atendidos en su propio domicilio suele ejercer un efecto beneficioso e incluso terapéutico sobre ellos, buscando una mejor atención al paciente a todos los niveles.
Para poder desarrollar la atención domiciliaria de un paciente es necesaria e imprescindible la figura del cuidador principal (familiar o no, según las circunstancias), capaz de colaborar con el equipo asistencial (médico, enfermera, fisioterapeuta). Estos cuidadores son el mejor colaborador en el cuidado del enfermo, sin ellos esta atención no sería posible, por lo que necesitan todo el apoyo y asesoramiento necesario por parte de los integrantes de dicho equipo asistencial.
Los principales problemas de salud que afectan a este segmento de la población son los siguientes:
La higiene corporal debe realizarse con jabón neutro, secando cuidadosamente, sin frotar y prestando especial atención a los pliegues cutáneos. Se procederá posteriormente a la hidratación de la piel, realizando masaje para activar la circulación, evitando siempre las prominencias óseas.
En pacientes encamados, las sábanas deben quedar bien estiradas, sin pliegues y sin restos como migas de pan, etc.
Abundancia de verduras y frutas para aportar suficiente fibra; leche y proporción adecuada de legumbres, proteínas y grasas, evitando abusar de grasas de origen animal. Habrá que asegurar un aporte adecuado de líquidos (de 1 a 1,5 litros al día). En pacientes que tengan problemas de deglución, habrá que valorar el uso de espesantes específicos para líquidos a fin de evitar el riesgo de atragantamiento. Asimismo, deberán estar incorporados y mantenerse en esta posición durante un tiempo después de ingerir.
Si no se muestran colaboradores se puede recurrir al uso de jeringas de alimentación e incluso, en casos extremos, y siempre según criterio médico, al uso de dispositivos externos como sondas nasogástricas.
El paciente en alto riesgo de desarrollar úlceras por presión (o que ya las ha desarrollado) requiere una dieta hiperproteica y con suficiente aporte de vitaminas A y C, para facilitar el proceso de cicatrización. En algunos casos, será necesario, según criterio médico, dar suplementos alimentarios (batidos, etc.)
Sería conveniente dar paseos tan largos como fuera posible, evitando fatigarse. En caso de no poder salir, movilizarle varias veces al día y pasear dentro de casa, evitando obstáculos como alfombras o calzado inadecuado.
Denominamos úlcera por presión a una lesión de la piel producida cuando se ejerce una presión continuada sobre una zona determinada, normalmente una prominencia ósea. La mayoría de estas úlceras pueden prevenirse realizando una serie de cuidados específicos sobre la piel y sobre el manejo de la presión:

CUIDADOS DE LA PIEL :
Examinar a diario la piel en busca de zonas enrojecidas que no desaparecen al aliviar la presión.

Está generalmente aceptado que una presión mantenida más de dos horas puede ocasionar una lesión. Para minimizar el efecto de la presión hay que considerar varias acciones: